Page 67 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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ya con más cuidado los parterres, cuyos límites se realzan con alizares de cerámica vidriada azules y blancos. El es- pacio parece abandonar entonces su aspecto «selvático», un tanto descuidado, para convertirse en jardín. Probable- mente sea también el momento en el que se cubre con azulejos antiguos valencianos67 la escalera de acceso a los estudios [fig. 36], constituyendo uno de los rincones más coloridos y atractivos. La misma opinión debió tener Soro- lla, que en una fotografía posa orgulloso ante esta escalera pintada con todo detalle en varios lienzos —Detalle del jardín de la Casa Sorolla (ca. 1916) [cat. 42]—.
A partir de esta remodelación, el pintor parece prestarle más atención en sus lienzos —El jardín de la Casa Sorolla [cat. 43]—. En muchos cuadros se alza como escenario predilecto para los retratos que pinta en el jar-
Fig. 49
Joaquín Sorolla, Clotilde
en el jardín, 1919-1920, óleo sobre lienzo, 178 x 121 cm. Madrid, Museo Sorolla [inv. 1271]
dín, en alguna ocasión por la multiplicación de efectos lumínicos con el sol filtrándose a través de las enredaderas de la pérgola o a través de los grandes arbustos de densa vegetación, otras veces por cuestiones quizás circunstan- ciales, como el brote tumultuoso de alhelíes en uno de sus parterres que, con su malva suave, protagoniza la escena en Alhelíes del jardín de la Casa Sorolla (1918) [cat. 49] o intensifica la modernista elegancia de la figura de Clotilde en el jardín (1919-1920) [fig. 49].
Completando el conjunto, Sorolla trata con idénti- co mimo el patio interior del edificio, conocido en su mo- mento como «patio cordobés» y como «patio andaluz» en la actualidad. Responde a las necesidades de iluminación y ventilación de las estancias interiores del edificio y par- ticipa de la misma filosofía de todo el conjunto, con tres galerías porticadas con arcos de medio punto alrededor de una fuente de inspiración andaluza recubierta de azulejos. Una sutil combinación de rejas y ventanales acristalados permite disfrutar de este rincón contemplándolo desde el estudio del artista, la meseta inferior de la escalera prin- cipal y el salón de la casa.
Como el jardín exterior, este ámbito es para Sorolla en sus últimos años un espacio de recogimiento y de dis- frute directo de la pintura, una especie de oratorio pictó- rico. Esta sensación parece transmitir el lienzo Patio an- daluz de la Casa Sorolla (1918-1919) [cat. 59], con una de las arcadas organizando la composición en primer pla- no casi a modo de tríptico, creando una imagen que no deja de recordar el recurso clásico de muchas pinturas del Trecento italiano.
el jardín como escenario
Sorolla concibe su jardín con ojos de pintor, con la mirada del artista que tiene ya en su cabeza la idea de los cuadros que en él pintará cuando esté construido, plantado y flo- recido. Para ello le es primordial establecer una fuerte estructura axial que a su vez genere circulaciones en codo, siguiendo el andar de la mirada, permitiendo un descu-
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