Page 66 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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Fig. 47
Tercer jardín de la Casa Sorolla
Fig. 48
Anna M. Christian, Fuente de las confidencias, 1914 (tercer jardín antes de su remodelación en 1915). Madrid, Museo Sorolla [inv. 80993]
diseño mixtilíneo, y nos traslada al Patio de la Acequia del Generalife de Granada62. El conjunto se enmarca y realza con los arriates de arrayán. Con su composición geomé- trica, los setos centran y dirigen la mirada hacia la ace- quia, topando al fondo con el banco de azulejería flan- queado por sendas columnas que enmarcan el Togado romano63, que el marqués de Viana regaló a Sorolla a prin- cipios de 191664. El pintor lo imaginó siempre en el mis- mo emplazamiento, colocándolo como punto culminante de la línea marcada por la acequia y como punto de fuga de la vista desde el primer jardín, presidiendo el espacio. A la izquierda, una columnata con tirantes de hierro adornada con tres reproducciones de bronces pompeyanos —Fau- no, Dyonisos y Sátiro escanciador— separa el espacio del tercer jardín. Estos toques clasicistas de raigambre italia- na se unen a otros motivos de sabor andaluz: la potente fuente o «pilar granadino» del siglo xvii adosado en uno de los ángulos de la fachada del edificio, la azulejería en verde y blanco de Triana y los capiteles califales —posi- blemente procedentes de Medina Azahara—.
El segundo jardín de la Casa Sorolla servirá de ven- tana hacia los otros dos, encadenando las visuales de en- trada hacia el tercer jardín [fig. 47], que es el más román- tico, más salvaje, quizás impelido por las necesidades estructurales y por la sucesión de acontecimientos en su plantación inicial y en su remodelación posterior.
Este último parece un espacio literalmente conde- nado a conformarse con lo que le llega. Es el heredero natural de ideas y elementos de desecho. Aunque planta- do desde muy temprano —con la construcción de la
casa—, parece haber sido una plantación de compromiso, con parterres rectangulares dibujando caminos reticulares alrededor de un estanque también rectangular [fig. 42]. Este se adelanta respecto a la fachada por la imposición de la rotonda acristalada del salón, creando una amplia lámina de agua convertida en espejo y juego visual. Segu- ramente por motivos de circulación, no llega a alcanzar el protagonismo centralizado que se le podría haber otorga- do. A sus pies se encuentra la Fuente de las confidencias (escultura de Francisco Marco Díaz-Pintado adquirida en la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1911), que le confiere además cierto romanticismo que quizás Sorolla no deseaba resaltar65 [fig. 48].
La poca personalidad del tercer jardín justifica el que sirva posteriormente de cajón de sastre para todo aquello que no encontraba su espacio o que perdía su lugar en otro ámbito. En él recala la pila original de la fuente del primer jardín cuando es desterrada por la adquirida en Sevilla en 1914. En él se encaja también la pérgola de madera bajo cuyo emparrado de rosas parece dar la bien- venida el propio Sorolla en forma de busto marmóreo, co- locado en 1932 con motivo de la inauguración del Mu- seo66. La ubicación de esta pérgola, que salta del segundo jardín al tercero según demuestran los bocetos del pintor, obliga a remodelar toda su plantación en 1915, definiendo
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