Page 64 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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Fig. 46
Segundo jardín de la Casa Sorolla
El segundo jardín [fig. 46] es el más escenográfico, sin duda, y el que de una manera más clara sigue la co- rriente del nuevo estilo neoespañol, enmarcado en el con- texto cultural e ideológico del regeneracionismo noventa- yochista al que Sorolla está plena y conscientemente ligado por convicciones profundas57.
Su concepto es puramente pictórico. Así lo plantea el pintor, pretendiendo incluir multitud de reclamos y efectos visuales: varias fuentes —desde las bajas de tipo hispanomusulmán hasta la potencia volumétrica del pilar granadino, pasando por otras alternativas con taza alta sobre pie renacentista abalaustrado—, el emparrado que acabará construyendo en el tercer jardín pero para el que se empeña durante un tiempo en buscar sitio en el segundo, los bancos con colorida azulejería, la columnata que po- tencia los juegos perspectívicos o los relieves y esculturas, todas en puntos estratégicos, animando infinitos encua- dres espaciales.
Funcionalmente parece ser el espacio que en ma- yor medida se presta al disfrute sensorial en un recogi- miento íntimo y relajante: por las vistas que ofrece sobre los jardines vecinos, por el juego de agua y el sonido que acompaña, por las posibilidades de sol y sombra...
Protagonista de la vista desde el jardín primero y palco privilegiado con vistas sobre el tercero, hasta llegar a su diseño definitivo los titubeos fueron constantes no solo por los cambios de orientación movidos por inspira- ciones diversas —y a veces contradictorias—, sino tam- bién —y muy especialmente— por la constricción que suponía el espacio real disponible. A Sorolla parece obse- sionarle este espacio que parte de inspiraciones granadi- nas desde los primeros bocetos de 1914-1915 [cat. 78], se carga de acentos clasicistas en los dibujos de 1916 —con la llegada a sus manos del Togado romano— [cat. 79 y 80], y termina recuperando las motivaciones iniciales cuando, durante su campaña pictórica en Granada en 1917, toma apuntes de detalles de los patios de la Alhambra; se entu- siasma con los «empedrados [con los que] hacen dibujos
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