Page 65 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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(como tú recordarás) es sumamente barato y el conjunto es tan alegre o más que las baldosas»58, planeando su uti- lización en algún boceto del jardín [cat. 83]; y aspira, in- cluso, a que «todas las plantas sean granadinas»59, consi- guiendo que desde la Alhambra se le envíen en marzo brotes de boj y tallos de arrayán cortados del mismo Patio de la Alberca o de los Arrayanes60.
Durante este largo proceso, en su cabeza proliferan composiciones estructurales, puntos de vista, encuadres, motivos formales atractivos, imágenes pictóricas a las que aspira a llegar domando el jardín que está planificando. Pero en la realidad el espacio se muestra rígido y limitado: la pérgola no cuadra separando los jardines segundo y ter- cero, desmerece la composición si se levanta sobre el to- gado al fondo, tampoco cabe entre el muro de cerramien- to que separa la finca de la calle y la composición central protagonizada por la acequia granadina, el banco y el to-
gado —que tienen que mantener su posición como línea de fuga de la vista desde el primer jardín—. En resumen: para conseguir un espacio práctico, se ve obligado a dis- minuir la escala de pileta, acequia y alberca. Renuncia a una segunda línea de agua que, creando otro eje de pers- pectiva en sentido contrario al central, estaba destinada a resaltar el «pilar granadino» adosado a la fachada del edi- ficio. Del mismo modo acaba renunciando a la pérgola, emplazándola en el tercer jardín.
Esta fusión de influencias granadinas e italianas61 acaba por configurar un eje donde el agua es la protago- nista y la fuente se adueña del conjunto hasta el punto de convertirse en una de las impresionas que marcan el re- cuerdo de cualquier visitante del Museo Sorolla. De la pila delantera circular dotada con taza baja brota el agua deslizándose por el canalillo, alimentado a su vez por de- licados surtidores laterales, hasta la alberca del fondo de
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