Page 55 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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encontraba fuera de Madrid. En numerosas cartas le in- forman continuamente del avance de las obras y someten a su decisión cualquier detalle constructivo y decorativo, dejando muchas veces la decisión en suspenso hasta el regreso de Sorolla. Otras veces parecen adoptarlas basán- dose en indicaciones realizadas sobre dibujos que se cru- zan con la correspondencia o que ha dejado el maestro antes de partir40.
Otro insigne valenciano con quien Sorolla mantuvo contacto durante muchos años —Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928)— realizaría en su finca de Fontana Rosa, en Menton, en la costa Azul francesa, el llamado «Jardín de los Novelistas» a partir de 192141. Este artista, igualmen- te enamorado de Valencia —como queda reflejado en sus novelas de costumbrismo valenciano: Cañas y barro o Entre naranjos—, elegiría esta villa para pasar allí sus últimos años, hasta su muerte en 1928. El jardín, organizado en una fuerte pendiente, se compone de diversas terrazas donde se suceden estructuras variadas —columnatas y rotondas, pérgolas cubiertas de rosales, estanques de azu- lejos, etc.— en un estilo neoandaluz donde la policromía de los azulejos contrasta con la sobriedad de los bustos del escultor Léopold Bernstamm dedicados a insignes li-
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Planta y sección del segundo jardín de la Casa Sorolla, en Helen Morgenthau Fox, Patio Gardens, Nueva York, 1929
teratos. Así, entre la hoy exuberante vegetación de arau- carias, palmeras, ficus, bananos, etc. surge todo un pan- teón literario dedicado a los escritores favoritos de Blasco Ibáñez entre los que se encuentran Balzac, Cervantes, Dickens, Flaubert o Dostoïevski.
Mientras que otros muchos pintores incorporarán la temática del jardín a sus cuadros y a su vida —Mariano Fortuny y su jardín entre muros; Cecilio Pla, en su jardín de Buñol (Valencia); o José María Rodríguez-Acosta en su impresionante Carmen Blanco en Granada—, el estilo neoespañol también será adoptado por los propios proyec- tistas de jardines. Entre ellos, sin duda, hay que destacar los realizados por Francisco Prieto Moreno en los jardines del Partal (Alhambra) y del Generalife (1950-1970), hoy en día tomados por muchos turistas y visitantes como ori- ginales hispanoárabes —así aparece descrito en numero- sas publicaciones sobre jardines—, o la espectacular re- producción del Patio de la Acequia del Generalife que este proyectista realizará para el pabellón español de la Exposición de Floricultura celebrada en Londres, donde también diseñaría los jardines del consulado español42.
Sin embargo, independientemente del desarrollo del estilo en nuestro propio país, es destacable la impor-
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