Page 54 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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El segundo jardín de la Casa Sorolla, 1917, tarjeta postal fotográfica. Madrid, Museo Sorolla
Valencia se asienta sobre terreno nuevo, feroz y cu- bierto de cultivos, plantas de crecimiento rápido, fru- tos de regadío, en que más que la consistencia hay que apreciar la apariencia espléndida. El sol no es posible en la interpretación artística considerarlo como un accidente, sino como agente que obra sobre esta tierra de un modo decisivo. [...] En Valencia la luz hace que todos sean pintores, hasta el escultor Benlliure debería haber sido pintor o a lo más orfe- bre, y Blasco Ibáñez no puede prescindir del coloris- mo. Es un escritor paisajista. En sus narraciones y en los cuadros de Sorolla vivimos el paisaje valenciano con toda la intensidad de que es capaz el Arte.
Sea como fuere, lo cierto es que entre la legión de segui- dores del estilo neoespañol —que perdurará a lo largo de todo el siglo xx e incluso del xxi— se encuentran intere- santes ejemplos entre los artistas valencianos menciona- dos por Winthuysen, todos ellos relacionados con Sorolla, todos ellos artistas y a la vez jardineros, puesto que pro- yectaron y ejecutaron sus propios jardines domésticos. El primero de ellos, José Benlliure Gil (1855-1937), herma- no del escultor mencionado anteriormente, mantendrá con Sorolla una estrecha amistad, tratándose como her- manos desde que aquel le acoge en 1887 en su casa de Asís durante su última etapa de estancia en Italia. Aunque
a veces eclipsada por la estrecha relación del pintor con su hermano —Mariano Benlliure actuará como albacea y participará en la creación del hoy Museo Sorolla—, José Benlliure será un punto de referencia inequívoco para el mundo artístico valenciano, que frecuentemente le visi- tará en su casa de la calle Blanquerías.
En la parte trasera de esta casa, y sobre los anti- guos terrenos de los huertos del convento del Carmen, el propio Benlliure diseñará un jardín de estilo muy ecléc- tico —jardines de estilo neoespañol mezclados con zo- nas de lo que se podría denominar estilo isabelino— al parecer a partir del año 1914. En ellos, entre la vegeta- ción escogida por el propio pintor —pinos y naranjos, cipreses y limoneros, o los olorosos mirtos y rosales— vuelve a aparecer el tema de la azulejería en muros —el de su propio estudio—, muretes, bancos y mesas, cuyo cromatismo se une al de las inflorescencias y frutos ve- getales.
Cabe preguntarse si tuvo en cuenta lo realizado por Sorolla en su jardín. No es de extrañar que así fuera. Su hijo, José Benlliure Ortiz, Peppino (1884-1916), fue discí- pulo de Sorolla desde 1906, acompañándole en muchos de sus viajes y campañas pictóricas. Él fue una de las per- sonas de confianza —junto al doctor Simarro o su también discípulo Manuel Benedito Vives— a quien Sorolla confió el seguimiento de la construcción de su casa cuando se
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