Page 52 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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—y mundial—, el conocido en España como «jardín in- glés», coincidirá con el auge de los nacionalismos funda- mentados en criterios de tipo racial, histórico, cultural o religioso, afirmándose una cierta nostalgia de retorno al orden clásico y sobre todo a aquello impregnado de una fuerte imagen nacionalista.
Siguiendo estas directrices, se generaron en cada país fórmulas que recuperaban el estilo histórico más ajus- tado a cada una de las identidades nacionales, potencian- do estas características en detrimento de una diversidad paisajística que, tristemente, pasó a un segundo plano du- rante prácticamente todo el siglo xx. Fruto de estas ideo- logías, quedarán asociados —de una manera inquebranta- ble, a juzgar por los infinitos libros de historia de la jardinería que lo repiten incansablemente— los movimien- tos estilísticos a una nacionalidad concreta. Siguiendo un estricto orden cronológico, el «jardín renacentista» será dominio exclusivo de los italianos, el jardín barroco pasará a denominarse «jardín francés» y los jardines pintorescos realizados siguiendo los parámetros establecidos en Ingla- terra durante el siglo xviii, «jardines ingleses». En España, al igual que en estos otros países, aparecerá el término «jardín español», refiriéndose a aquellos jardines con refe- rencias moriscas, quedando descartados como nacionales jardines de otras épocas puesto que era precisamente este tipo de jardines ejecutados durante la ocupación musul- mana lo que diferenciaba nuestro país del resto de Europa. Sin embargo, es importante tener presente que esta revi- sión de los estilos nacionales que se producirá desde fina- les del siglo xix no supone una mera copia o imitación de los estilos originales, sino que supondrá una conciliación de los elementos históricos y las nuevas modalidades figu- rativas inspiradas en las más recientes modas. Tal y como expresaría uno de los autores más populares de la época, el francés Georges Gromort, «el estudio de los elementos que ha creado la tradición local [conduce] a una forma de expresión suficientemente sorprendente para entenderse en algunas partes como muy moderna»28.
En España, será de la mano de un extranjero que el estilo «neoespañol» —a veces llamado neosevillano, neoandaluz o neoárabe— se defina y proyecte hacia el futuro. Jean Claude Nicolás Forestier (1861-1930), inge- niero de Aguas y Bosques, precedido por la aureola de las grandes transformaciones que ha hecho en París y otras ciudades29, llega a España en 1911. Ha sido llamado a Sevilla para reformar el parque de María Luisa que va a ser el marco de la Exposición Iberoamericana de 1929, donde hará varios parques, trabajando igualmente en Ronda, Córdoba, Madrid, Santander, etc. A Barcelona llega en 1915 de la mano del pintor José María Sert para realizar un parque en Montjuïc para la Exposición Internacional de 1929. Fue un hombre de gran visión y amplio espíritu, abierto a las influencias que recibía, que admiraba pro- fundamente los jardines hispanomusulmanes. Definió lo que él mismo denominó «el jardín del clima del naranjo», que consistía en algo casi etéreo, hecho de luz, color, so- nido y perfume, que identificaba con nuestro jardín me- diterráneo.
Sin embargo, aunque Forestier es universalmente reconocido como el gran creador del nuevo «jardín espa- ñol» dentro y fuera de España, el papel de Joaquín Sorolla no acaba de ser reivindicado dentro del proceso de crea- ción de este nuevo estilo. Sin duda, tal y como corroboran las fechas, Forestier está ya presente en la reunión del Comité Ejecutivo de la exposición sevillana el 2 de enero de 1911, y para marzo ha enviado un proyecto que se aprueba el mes siguiente; el definitivo estará listo para oc- tubre de ese mismo año30. Para esa fecha ya ha hecho un viaje por España, fijándose en «puntos notables del Retiro de Madrid, en el Alcázar, en la Alhambra de Granada, en el Generalife, y en algunas casas antiguas y particulares de Sevilla y de Granada»31. Indudablemente, la idea de Aníbal González, arquitecto que ha ganado el concurso para rea- lizar la exposición, que enfatizaba una arquitectura regio- nalista, propia del momento nacionalista que se vivía, y que se prolongaba con el mantenimiento del «carácter de
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