Page 29 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
P. 29
jardín, ese denso tejido verde esmaltado de flores rojas, rosadas, blancas, con algún toque de lapislázuli, que cu- bre como un tapiz la totalidad del cuadro, desde el borde inferior del lienzo hasta el superior. (No es una suposi- ción. Hasta hace poco no se sabía con certeza dónde ni cuándo había pintado Renoir ese cuadro. Recientemente, un historiador inglés, Colin Bailey, ha demostrado que fue realizado en un nuevo estudio que el pintor había alqui- lado en Montmartre, en la Rue Cortot, en 1875. Entre los documentos que permiten establecer el lugar y la fecha se encuentra un escrito de Georges Rivière que explica la razón del cambio de estudio: «En cuanto Renoir entró en la casa, se sintió fascinado por la vista del jardín, que parecía un bello parque abandonado».)
Esos eran los mismos años en que Monet se había establecido en Argenteuil en una casa con jardín que se convirtió pronto en uno de los puntos habituales de reunión de los pintores impresionistas. En otro cuadro de Renoir, fechado también en 1875, que pertenece hoy al Wadsworth Atheneum de Hartford, vemos a Monet pintando en su jardín. Está de pie, frente al caballete plegable, absorto en
un gran macizo de dalias que se encuentra frente a él a su derecha, muy cerca. Si buscamos ese macizo en la obra de Monet lo encontramos en un cuadro que pertenece hoy a la Národní Galerie de Praga, titulado Jeunes filles dans un massif de dahlias, firmado y fechado también en 1875. En el cuadro de Monet las figuras de dos muchachas vestidas de verano se mimetizan con los tallos y flores de unas dalias que las sobrepasan ampliamente en altura. Renoir, que al pintar a Monet tenía que estar viendo también a las mu- chachas, ha optado por prescindir de ellas. Y no sin razón, ya que el verdadero asunto, tanto de su cuadro como del de Monet, es el telón multicolor que forman las flores vis- tas de cerca. Como en los ramos de flores que en el siglo xvii pintaban los Bosschaert y los Van der Ast, pero ahora en vivo y al aire libre.
Es fácil entender la frecuencia con que aparecen dalias en esos cuadros. Eran flores que, por la luminosidad de sus rojos, blancos y amarillos, estaban predestinadas a captar el interés de los pintores. Su cultivo, como el de los crisantemos, conoció un gran impulso a partir de la Exposición Universal de París de 1889. Un factor decisivo
6 tomÀs llorens
Fig. 55
Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla
en un jardín, 1875, óleo sobre lienzo,
54,5 x 65 cm.
Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza [inv. 724 (1974.43)]

