Page 48 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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Fig. 36
Kurt Hielscher, Joaquín Sorolla
en la escalera de acceso a los estudios, 1914-1919. Nueva York, The Hispanic Society of America
Sorolla, amante del color, había encerrado en los jardines de su casa de Madrid la brillantez y la alegría andaluza y mediterránea.
Javier de Winthuysen, Jardines clásicos de España, Madrid, 19301
sorolla y la proTección de los jardines españoles
Si la definición más aceptada de «jardín» es la de una obra de arte realizada con materiales vegetales por el hombre para su recreo y disfrute, entonces el jardín diseñado por el pintor Joaquín Sorolla se puede considerar una obra de arte al igual que cualquiera de sus lienzos o dibujos. Este espa- cio, expresamente moldeado por la singular creatividad del propio Sorolla tal y como demuestra la innumerable corres- pondencia, dibujos y bocetos que se suceden durante varios años, debe tanto su trazado general como el diseño de todos sus detalles —esculturas, plantaciones, etc.— a la imagi- nación del artista.
Diseño complejo y dificultoso, puesto que no sola- mente debía ser un espacio que le agradase, representación de su propio y singular paraíso, sino un lugar que también le sirviese como fuente de inspiración para futuros cuadros. «Testimonio de una cultura, de un estilo, de una época, y eventualmente de la originalidad de un creador»2, hoy en día forma parte —gracias a la generosa donación de sus descen- dientes— del patrimonio histórico-artístico nacional español, en el que se encuentran catalogados tanto sus cuadros y di- bujos como el conjunto de la casa y el jardín que habitó3.
Ana Luengo y David Ruiz López
Sin embargo, el hecho aceptado —así recogido en la actual Ley del Patrimonio Histórico4— de incluir como parte de los bienes patrimoniales los «jardines histórico- artísticos» es relativamente reciente, datando sus prime- ras declaraciones del año 19315, cuando se catalogan en bloque los jardines pertenecientes al Patrimonio Real6.
La protección de estos primeros jardines no es sino la culminación de un largo proceso de conocimiento y va- loración de nuestro pasado cultural que fue impulsando al ser humano —en especial a partir del Renacimiento— a realizar un estudio sistemático y comparativo de épocas anteriores de nuestra civilización. Este saber historiográfi- co —apoyado en disciplinas asociadas como la arqueología y la historia del arte— unido a un primer sentimiento de protección patrimonial —ya se están dejando ver las con- secuencias patentes de la revolución industrial— servirán para impulsar el movimiento romántico que va a teñir de un anhelo emocional una visión de un pasado —tal vez más interesante: «todo tiempo pasado fue mejor», citando a Jorge Manrique— que ya se puede cuantificar y cualifi- car. Como consecuencia de todo ello, a partir del siglo xix se producirán las primeras acciones de protección del pa- trimonio histórico y de los bienes naturales, reflejo del
Tiempo eTerno: insTanTáneas fugaces. el jardín de joaquín sorolla
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