Page 40 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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Fig. 28
Modesto Cendoya, Plano general de la fortaleza de la Alhambra, 1910. Colección Carlos Sánchez
de las Damas11. Gracias al plano general de la Alhambra realizado por Modesto Cendoya para su comercialización y consumo por los clientes del Hotel Alhambra Palace, podemos conocer la situación territorial del recinto monu- mental y de las alamedas del bosque de Gomérez en 1910, donde se apreciaban todavía numerosas fincas y propie- dades particulares en el sector del Partal y de la Huerta de Santa María [fig. 28].
El Generalife, por el contrario, aún no había pasado a ser incorporado como bien público al Conjunto Monu- mental pues, a pesar de que también fuera propiedad de la Corona española, pasaría en la primera mitad del siglo xvi, en régimen de tenencia, a la familia de los marqueses de Campotéjar, herederos del antiguo linaje real nazarí de los Al Nayar, que se habían convertido al cristianismo tras la conquista de la ciudad y colaboraron con el nuevo estado, manteniendo sus antiguos privilegios. La reversión del Ge- neralife al Estado como parte integrante de las propiedades patrimoniales públicas, transcurridos más de tres siglos de litigios y reclamaciones, se produciría en 1921 con la for- mación de un patronato propio, el Patronato del Generali- fe, que más tarde se fusionaría al de la Alhambra. Esta di- mensión privada del Generalife permitió que las antiguas huertas de recreo de los monarcas nazaríes se mantuvieran
con la misma función y uso en el tiempo, constituyendo uno de los valores patrimoniales de mayor autenticidad y excepcionalidad de cuantos posee el Conjunto Monumen- tal. En lo que respecta a los jardines de este sector, también representaban un catálogo muy rico de variedades y formas que habían ido incorporando tendencias y modas jardineras a lo largo de los siglos. En algunos casos como en el Patio de la Acequia, cuando Sorolla lo pinte, optará por ofrecer una imagen más privada, sin el efectismo de los surtidores. Una imagen que privilegia la fuente y la vegetación, con el detalle anecdótico de las domésticas macetas de flores co- loristas, frente a la ría o cauce de agua longitudinal que aportaba el rasgo formal más característico a este espacio del Generalife. En el sector de los jardines de la antigua finca de recreo de los monarcas nazaríes, Sorolla se decan- ta por el Patio de la Sultana, en el que el agua de los estan- ques, la diminuta fuente «flotante» sobre ellos, las peque- ñas esculturas de los leones que coronan el pórtico de acceso a los jardines altos y, muy especialmente, el ciprés asociado a la leyenda de la esposa de Boabdil, protagoniza- rán su interés plástico, donde triunfan los verdes de ricos matices y los destellos de la luz incidiendo sobre el agua.
Desde esta zona, el paisaje arquitectónico de la Alhambra, torres y lienzos de muralla incluidos, ocupa
La aLhambra que visitó soroLLa 7


































































































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