Page 36 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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Fig. 23
Jean Laurent, Vista exterior
de la galería lateral izquierda
del Patio de los Arrayanes, ca. 1865 (detalle de fig. 30)
Granada y, en general, toda Andalucía han sido referen- cias clave en los viajes de los numerosos artistas que, des- de el siglo xix, encontraron en el sur de España un terri- torio pleno de valores culturales diversos que iban a contribuir, sin duda, a enriquecer el universo plástico de aquellos que vivieron la experiencia del viaje como parte del proceso creador. Las tradiciones populares, en sus di- ferentes y ricas variantes, los paisajes y, sobre todo, el le- gado patrimonial hispanomusulmán constituyeron los principales reclamos para los viajeros románticos a los que se debe la temprana difusión internacional de ciudades como Sevilla, Córdoba, Ronda o Granada.
Entre las escalas del viaje al sur peninsular, la visita al Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife era obligada. Su condición de ciudad palacio nazarí conservada a lo largo de los siglos y, muy especialmente, su emplazamien- to en la colina de la Sabika, entre los valles de los ríos Darro y Genil, con Sierra Nevada como horizonte y la fértil vega granadina como límite territorial, convertían su visita en una auténtica experiencia estética. Así la proyectarían los nume- rosos artistas que se encargaron de redescubrir y difundir a través de relatos y bellas imágenes este legado patrimonial tan proclive al ensueño como a la fascinación. Pero también sería objeto de interés para otras miradas más analíticas que la llevaron a convertirse en modelo de referencia en el diseño arquitectónico y de perfección en lo ornamental durante la segunda mitad del siglo xix1 y primeras décadas del xx.
En esas fechas, la renovación de las practicas artís- ticas y las posibilidades del plein air permitieron ampliar
María del Mar Villafranca Jiménez
progresivamente el campo de interés hacia el paisaje y las perspectivas arquitectónicas y urbanas de pueblos y ciu- dades donde triunfarán el color en todas sus posibilidades y la luz con todos sus matices. Granada alcanzará una notable fama como tema plástico en este campo y la Al- hambra mantendrá el interés de los pintores que se en- frentan a la creación con un lenguaje renovado. Queda atrás la corriente orientalista, a caballo entre la fantasía y la pintura de historia, para dar paso a procesos y técnicas más experimentales, con cuadros realizados al aire libre, en sesiones más rápidas buscando las impresiones y los efectos más audaces. Será durante las primeras décadas del siglo xx cuando las artes plásticas conozcan los más importantes procesos de renovación e innovación concep- tual y técnica al mismo tiempo en que se van transfor- mando los canales de mediación y comercio artístico. Una demanda que someterá a los creadores a jornadas de gran intensidad ante el compromiso que representa la disponi- bilidad de obras para satisfacer a una clientela que mos- trará orgullosa sus incipientes colecciones.
Cuando Joaquín Sorolla visita por primera vez Gra- nada, en marzo de 1902, en el contexto de un viaje más amplio por otras localidades de Andalucía, lo que más le
La aLhambra que visitó soroLLa
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