Page 26 - Tiempo eterno: instantáneas fugaces, el jardín de Joaquín Sorolla
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Fig. 52
Clotilde con su nieto
en el jardín de la Casa Sorolla. Colección particular
Aunque no sabemos su fecha, la fotografía debe datar de alrededor de 1918 o 1920 [fig. 53]. Se conserva en una impresión en blanco y negro de pequeño formato que no nos permite distinguir bien los detalles. El pintor está sen- tado en su jardín en un sillón de mimbre. Frente a él, colo- cado en un caballete plegable, tiene un lienzo de tamaño mediano; detrás, un gran parasol blanco protege el lienzo de los rayos del sol. Debe ser cerca del mediodía. El sol del comienzo del verano madrileño cae con fuerza sobre los muretes blancos de los macizos, sobre las olambrillas y lo- setas cerámicas del pavimento, sobre el porche blanco que entrevemos detrás de los árboles jóvenes. Imaginamos, casi vemos, el verde oscuro de las adelfas, las manchas blancas y rojas de las rosas, la frágil hilera de lavanda en el borde de un macizo. La luz sin sombras, cremosa, que el parasol difunde sobre el lienzo. Y el silencio. Nada distrae la aten- ción del pintor. Lleva una paleta grande en la mano izquier- da y acaba de levantar la derecha para aplicar una pincelada. En otro sillón, muy cerca, está la caja de óleos.
La segunda fotografía, también en blanco y negro, tiene una composición diferente [fig. 54]. También el jardín es diferente. Y la luz: más fresca, más ligera. Luz de Nor- mandía con las sombras mínimas del verano. Pero la esce- na es parecida. El pintor está sentado en un sillón de mim- bre frente a un caballete plegable en el que vemos un lienzo mediano. Detrás de él un gran parasol blanco prote- ge el lienzo del impacto directo de los rayos del sol y difun- de sobre él una luz intensa, sin sombras, cremosa. Imagi- namos, casi vemos, el magenta de los nenúfares, el azul de
Tomàs Llorens
los iris, los verdes, tan diferentes, de la hierba, las malva- rrosas y los rosales trepadores que aún no han florecido, los reflejos móviles en el agua del estanque. Y el silencio.
Jardines tardíos
También en la historia del gusto; porque esas dos fotogra- fías, tomadas ya entrado el siglo xx, pertenecen a una época en la que el entusiasmo por los jardines se iba ale- jando hacia el pasado. Proust transcribe con fidelidad el ritmo inexorable de esa pérdida. En Du coté de chez Swann (Por el camino de Swann) leemos la descripción de un brazo de río estancado y lleno de nenúfares: es allí donde el narrador ve por primera vez a Gilberte Swann y al barón de Charlus. El tiempo ficticio de esos encuentros se remonta a su adolescencia, hacia finales de los 1880. Y sabemos también que en esas fechas, en el tiempo real, Monet empezaba a planear la ampliación de su jardín de Giverny para crear el estanque de nenúfares que iba a ser luego modelo del de Proust. Lo que vemos en la fotografía de Monet pintando y lo que leemos en la, prácticamente contemporánea, descripción de la Recherche (En busca
Jardines últimos
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